Cuando digo que uno de mis sueños es dedicarme a la colombicultura no es que me vaya a dedicar a esturdiar a l@s colombian@s. Me refiero al deporte que se practica con palomas. Bueno, en realidad quiero decir dedicarme a seguir la colombicultura, pues yo no practico deporte competitivo alguno. Pero me siento como uno más entre aquellos aficionados a deportes insólitos, o de remotas procedencias, que un día soñaron convertir su deporte favorito en un deporte olímpico, y más quisiera sentirme entre aquellos de los cuales ya han conseguido su propósito.
Quien haya visto alguna vez una de estas competiciones se dará cuenta de que, a pesar de lo pintoresco de la puesta en escena, de su particularismo, no deja ésta de ser una practica deportiva a disposición de toda la humanidad, pues casi todos los rincones por los que se expande pueden ser habitados por ese taciturno ser alado.
Quizá haya exagerado un poco, dando la impresión de que soy un verdadero forofo de este deporte. Es un interés moderado, ¿pero cómo no habría de serlo si carece de la más mínima presencia en los medios de comunicación? Desde luego es evidente que soy un seguidor de causas perdidas y, lo que es peor, un soñador utópico. No sólo quiero que tenga más presencia la colombicultura en los medios de comunicación, quiero que sea un deporte olímpico. Y usted, amado lector, quizá porque acaso me conoce, me dirá con la expresión de quien tiene toda la razón del mundo que yo no tengo televisor. A lo que yo responderé, con el gesto que mejor exprese la más honda indignación: pero para qué quiero yo un televisor si uno de los pocos deportes que me gusta, o que me gustaría que me gustara, tiene tan escasa, por no decir nula presencia en la programación.
Además de que quien dice medios de comunicación, o bien con el plural latino y tan chic dice "media", dice no solo televisión sino también radio. Y yo sí que tengo radio. Me dirá usted que por la radio la colombicultura pierde toda su gracia, se pierde el vuelo de las aves, sus plumajes tan individualizados por la inmensa creatividad del palomista o colombicultor. Si usted me dice eso yo le doy solo parte de razón, pues yo el fútbol lo sigo por la radio. Menos mal que estamos en la era de internet y esto nos permite acercarnos a estos deportes hoy minoritarios pero quién sabe si algún día generan millones en la red de apuestas, quién sabe si las palomas estarán presentes en las Olimpiadas más allá de la habitual suelta que, por otra parte, todo gran espectáculo que se precie incluye. Pero algo me dice que seguirán, mientras alzan despavoridas su vuelo en un majestuoso ascenso a las alturas, mirando de reojo a los espectadores de allá abajo pensando "¡insensatos!, no sabéis las horas de pasión y gloria que os perdéis".
Me voy a ver webs de colombicultura.