viernes, 2 de octubre de 2009

Mucho

                                                                                      

Durante el día y más por la noche, 
todos los días y todas las noches:
pienso mucho, digo mucho, 
pienso mucho en la muerte
pero no lo digo por si me oye.

Todo es mucho, y nunca demasiado.
cuando leo la palabra “opima” o, sobre todo,
“spolia opima” en la Historia de Roma,
me quedo como extasiado.

Me masturbo mucho, me aburro mucho,
me hace gracia una canción y la oigo mil veces,
me enamoro mucho, luego lloro pero sin lágrimas,
 luego dudo de todo, luego odio, repugnancia, arcada mental,
y vienen pensamientos como vómitos
y frustrados vómitos como  pensamientos frustrados
hasta que a veces el vómito de verdad llega, 
porque fumo mucho y bebo mucho
últimamente

El aburrimiento vuelve, y la culpa,
y dejo muchas cosas a  medio
para después tener que volver mucho a las cosas,
gasto mucho papel y luego en invierno
lo quemo porque me gusta mucho el fuego,
quizá porque es así como todo lo mucho queda en nada.

Idealizo las cosas, mucho, cosifico a la gente, vale,
luego blasfemo. Cuando vuelve la Muerte,
porque vuelve y vuelve mucho,
me parece que creo en algo mucho
y parece que creo mucho en el amor
porque vuelve y vuelve muchas veces
como sentimiento y como idea.
Pero luego dudo mucho de todo
porque la duda vuelve y vuelve. 
Siempre.

De lo que no he dudado nunca,
como un claridad en la jungla,
es que quiero, una vez más,
comerte el coño y follarte toda la noche,
y mirar tu espalda mientras duermes,
quizá porque para eso no se necesita nada
casi, y se desvanece todo.


miércoles, 30 de septiembre de 2009

Y antes aparece el poeta 
buscando en la negra caja
blasonada titulada
cosas que sirven para hacer
poesías y ve que ésta está
vacía, enmohecida,
va a ver la caja de al lado
por si los discos le dicen algo,
y pone uno en su sien,
pero no hay resultado.
Ve los asustados ojos 
de Dios o Dios Hijo, ojos
como de buey de grandes
negros que reflejan
al mismo alma que los ve
cuando él cierra de su cuerpo
los ojos, los oídos, las manos
esperando a que cante un ave
para tirarse por el AGUJERO 
que deja la palabra no hallada.
Pero los ojos no hablan.
No debe ser una palabra cualquiera
la que busca nuestro poeta,
¿debería buscarla en la perrera?
Allí también encontraría ojos...
Ave, bonita palabra.
La encontraría en la pajarería.
Si fuera.
-Porque qué son más tristes
las perreras o las pajarerías-.

"Ave", esa sería su palabra 
sino fuera porque le recuerda a un tren.
Y solo hay algo más triste que un tren que pasa
y es un tren que pasa rapidísimo.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La inmodestia no es un asunto que me preocupe mucho pero últimamente le estado dando vueltas, sin mucho éxito. Salvo que pensemos que es un éxito provocar angustia y mareos en la propia inmodestia. Me fue transmitida la idea de que yo era muy inmodesto por personas allegadas, amigos. Antes de eso no creo haber meditado mucho sobre lo virtuoso de la modestia, ni sobre su naturaleza. Después de eso, tampoco. Sin embargo, se me ocurrió el título para un blog: EL PLACER DE LEERME. Al comprobar que tal nombre estaba dispobible en blogger.com, sospeche que cabía la posibilidad de que en toda la red nadie hubiera juntado esas cuatro palabras, por lo menos en mi idioma.  Eso sería un logro: en cualquier caso, es un buen nombre para un blog.


Pero me asalta la duda, me digo que es imposible que nadie haya sentido, no el placer de leer, ni el placer de escribir, sino el placer de leerse a si mismo. Conque pongo esas palabras en el buscador: “el placer de leer lo que escribo”. Puede que a usted le parezca igual de extraño que a mí, o puede que piense que son chorradas. En tal caso tendría que pensar que la mayoría de bloggers no hace otra cosa que leerse a sí mismo, continuamente, ellos, o nosotros, la mayoría de bloggers no hacemos otra cosa que escribir para un público limitadísimo. No pasa nada, es un ejercicio muy sano el escribir y el leer lo que se escribe varias veces, y así tal vez halle alguien su verdadera identidad, o se cure de algún mal por este medio catártico. Otra cosa es considerar leer y escribir como algo placentero en sí: google nos da muchas entradas sobre el placer de leer y sobre el placer de escribir. Si leer y escribir son formas de conocimiento, no necesariamente deben ser placenteras, o ser tan placenteras como un parto. que diría Sócrates.


Leemos y escribimos. La web misma es un continuo leer y un continuo escribir. Es un placer: lo admitimos. Cualquier cosa, sea leída o escrita, de acuerdo, lo aceptamos. ¿Pero es que nadie, ningún escritor, ningún blogger ha sentido el placer de leer lo que escribe? Yo sí. No un placer ni remotamente semejante al de ver y escuchar a Natalie Dessay haciendo de Belleza en El triunfo del tiempo y el desengaño, pero sí un pequeño placer.

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