Durante el día y más por la noche,
todos los días y todas las noches:
pienso mucho, digo mucho,
pienso mucho en la muerte
pero no lo digo por si me oye.
Todo es mucho, y nunca demasiado.
cuando leo la palabra “opima” o, sobre todo,
“spolia opima” en la Historia de Roma,
me quedo como extasiado.
Me masturbo mucho, me aburro mucho,
me hace gracia una canción y la oigo mil veces,
me enamoro mucho, luego lloro pero sin lágrimas,
luego dudo de todo, luego odio, repugnancia, arcada mental,
y vienen pensamientos como vómitos
y frustrados vómitos como pensamientos frustrados
hasta que a veces el vómito de verdad llega,
porque fumo mucho y bebo mucho
últimamente
El aburrimiento vuelve, y la culpa,
y dejo muchas cosas a medio
para después tener que volver mucho a las cosas,
gasto mucho papel y luego en invierno
lo quemo porque me gusta mucho el fuego,
quizá porque es así como todo lo mucho queda en nada.
Idealizo las cosas, mucho, cosifico a la gente, vale,
luego blasfemo. Cuando vuelve la Muerte,
porque vuelve y vuelve mucho,
me parece que creo en algo mucho
y parece que creo mucho en el amor
porque vuelve y vuelve muchas veces
como sentimiento y como idea.
Pero luego dudo mucho de todo
porque la duda vuelve y vuelve.
Siempre.
De lo que no he dudado nunca,
como un claridad en la jungla,
es que quiero, una vez más,
comerte el coño y follarte toda la noche,
y mirar tu espalda mientras duermes,
quizá porque para eso no se necesita nada
casi, y se desvanece todo.
my bueno ese final machete
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