miércoles, 30 de septiembre de 2009

Y antes aparece el poeta 
buscando en la negra caja
blasonada titulada
cosas que sirven para hacer
poesías y ve que ésta está
vacía, enmohecida,
va a ver la caja de al lado
por si los discos le dicen algo,
y pone uno en su sien,
pero no hay resultado.
Ve los asustados ojos 
de Dios o Dios Hijo, ojos
como de buey de grandes
negros que reflejan
al mismo alma que los ve
cuando él cierra de su cuerpo
los ojos, los oídos, las manos
esperando a que cante un ave
para tirarse por el AGUJERO 
que deja la palabra no hallada.
Pero los ojos no hablan.
No debe ser una palabra cualquiera
la que busca nuestro poeta,
¿debería buscarla en la perrera?
Allí también encontraría ojos...
Ave, bonita palabra.
La encontraría en la pajarería.
Si fuera.
-Porque qué son más tristes
las perreras o las pajarerías-.

"Ave", esa sería su palabra 
sino fuera porque le recuerda a un tren.
Y solo hay algo más triste que un tren que pasa
y es un tren que pasa rapidísimo.

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